Tras la salida de la Convertibilidad, se generó un
"colchón cambiario" post-devaluación del Peso (ARS) que
permitió mejorar la competitividad laboral/cambiaria de
Argentina. La profunda caída de salarios y del empleo
durante 2002 y la baja inflación permitió conseguir un
formidable despegue de la industria doméstica durante
los años posteriores. Pero con el transcurso del tiempo
y el surgimiento de fuertes presiones inflacionistas,
esa mejora competitiva se fue diluyendo, ya que los
salarios en términos de Dólar (USD) comenzaron a subir
notoriamente.
Uno de los principales factores que amortiguó esa
pérdida de competitividad del aparto productivo
argentino fue la apreciación del Real brasileño (BRL),
ya que el costo laboral de nuestro principal socio
comercial se mantuvo alto y disimuló el deterioro
competitivo de Argentina. La devaluación del BRL en el
segundo semestre de 2008 (en plena Crisis Global) y la
depreciación de la divisa brasileña a mediados de 2011
desataron los pedidos de ajuste cambiario por parte de
los industriales de nuestro país.
Ahora el Gobierno Federal de Brasil ha dispuesto reducir
el costo de la electricidad, avanzar en el control de la
inflación y exenciones en aportes patronales en el 2013
para varias ramas industriales y de servicios, reducir
de 10 a 5 años del plazo de amortización de los gastos
asociados a la compra de bienes de capital, etc.
Estas medidas contribuirán a mejorar la posición
internacional del aparato productivo de Brasil y, en
contrapartida, harán más visible la pérdida de
competitividad de las industrias argentinas. En este
contexto, no debería sorprender que en los próximos
tiempos recrudezcan los reclamos y presiones del
empresariado argentino para que el Gobierno nacional
adopte acciones compensatorias o paliativas.